19 de agosto de 2022

Aguascalientes, la tierra de la gente buena… con gobernantes muy malos|Alfredo Vargas Ortega

Activista por la salud socioemocional, teatrero, escritor y ciudadano consciente

Las elecciones del pasado domingo 5 de junio, en el Estado de Aguascalientes, fueron las más observadas a nivel nacional. El foco de atención, se dio por dos razones. La primera, porque el dirigente nacional del partido Acción Nacional, reconoció que sería la única entidad en la que tenían la victoria asegurada. Lo segundo fue porque la campaña de la maestra Nora Ruvalcaba Gámez, hecha a ras de piso, inició una espectacular remontada en las preferencias del voto. Así que los socios de la vieja estructura política, mezclados en los partidos convencionales, estaban tan seguros del triunfo que les pasó lo de aquel dicho: “del plato a la boca, se cae la sopa”. Los gritos de auxilio, al interior de la alianza Va por México —estructura de intereses creados, que encabeza el empresario Claudio X. González—, se activaron para echar a andar una operación sin precedentes, a fin de detener el avance vertiginoso de la candidata progresista. Dicha maniobra consistió en una estrategia de golpeteo desleal, en diseminar mentiras, en la difusión de propuestas sacadas, de manera literal, de los programas sociales del gobierno federal (muchos de los cuales el PAN votó en contra) y en sembrar el miedo entre la población. Esto último, como parte de un mecanismo recurrente de la derecha conservadora. El resultado de las elecciones, del primer domingo del mes de junio, no fue causa del ejercicio democrático y soberano de una ciudadanía que ejerce su voto libre, sino de las múltiples irregularidades que se dieron cita, antes y durante, la jornada electoral.

A la capital del Estado, principalmente, llegaron grupos de apoyo de Morena para promover la participación de la gente. Brigadas de jóvenes que decidieron sumar sus voluntades, en favor de la candidata Nora Ruvalcaba, de manera espontánea y asumiendo los costos de su traslado, alimentación y hospedaje. Organizados en grupos, rentaron de forma colectiva, casas o departamentos para compartir gastos. Hay que aclarar que lo mismo hicieron del otro lado. Es decir, miembros del partido gobernante, el PAN, también se concentraron en la entidad para operar a favor de su candidata, Teresa Jiménez Esquivel. No obstante, se integraron en estructuras clandestinas, que se ocultaron a la población, en oficinas sin identificar, desde donde manejaban la logística de cada actividad de la candidata oficial. En ningún acto de campaña de Teresa Jiménez hubo una participación orgánica de los ciudadanos. Se tejió alrededor de ella, una red de control y protección que la alejara de cualquier intento de cuestionamiento, de que se expresara el legítimo derecho de las personas a solicitar información sobre sus intenciones a la gubernatura.

Empero, la diferencia entre la movilización electoral de Morena y la de la llamada Alianza por México, fue radicalmente distinta. Los primeros, como ya se ha dicho, se movilizaron caminado las calles, tocando puertas, realizando mítines y concentraciones informativas. Desplegando entusiasmo y alegría. La mayoría de estas brigadas, estuvo integrada por juventudes, de manera organizada y disciplinada. Informando al pueblo.

En cambio, del otro lado, prevalecieron las mismas prácticas de siempre. No escapó a la mirada del electorado el derroche de recursos, financieros y materiales. La propaganda constante en los medios corporativos. Los publirreportajes, disfrazados de entrevistas en radio, televisión y medios impresos. Además del uso de instalaciones de gobierno, como un Salón de Usos Múltiples en el Complejo Cultural Tres Centurias o el apoyo logístico y de seguridad que acompañó a la candidata oficial, por medio de elementos policiacos, vestidos de civil, tanto del gobierno del Estado como del Municipio. La exposición de todos estos recursos fue notoria y grotesca. Sin el menor recato. La mayor parte de las concentraciones de la candidata panista, fueron mediante actividades cerradas, bajo el estricto control de los organizadores. Camarillas completas de operadores (debiéramos decir mejor: manipuladores) del voto. Durante la campaña de Teresa Jiménez jamás hubo la concentración espontánea de las y los ciudadanos aguascalentenses. Sus contadas apariciones públicas, se realizaron en sitios en los que se advertía, mediante amenazas a los ciudadanos de no realizar ninguna manifestación de reclamo, bajo la advertencia de cancelar apoyos o programas sociales. En los debates oficiales, Teresa Jiménez también decidió alejarse del escrutinio ciudadano. Los pocos electores que lograron expresarle su rechazo, fueron los maestros jubilados. Lección que le hizo asumir mejor desdeñar la tribuna pública a cambio del pago de multas económicas, que también es dinero de la ciudadanía.

Hay que recordar que la candidata Teresa Jiménez, fue presidenta municipal de Aguascalientes en dos ocasiones. En la segunda etapa no concluyó su administración porque le fue atribuida una diputación plurinominal. Misma que sería la antesala para lanzar su campaña a la gubernatura. A Tere Jiménez le antecede el escándalo. Señalamientos de corrupción por pedir moches cuando en una legislación pasada, fue también diputada. Solicitaba un porcentaje por gestionar millonarios recursos para obra pública, desde su cargo como legisladora. Como alcaldesa, se dedicó a realizar actividades que poco, o nada, favorecieron al municipio. Por ejemplo, permitió la instalación de 470 casetas telefónicas, sin ningún beneficio para el municipio y, en cambio, dejando un daño patrimonial por tres millones de pesos. La carrera política de Teresa Jiménez, está llena de actos de corrupción, plenamente documentada. El perjuicio más grave al Municipio de Aguascalientes, lo hizo al endeudar al ayuntamiento con un Parque Fotovoltáico con un valor superior a los 28 mil millones de pesos. Parque que no produce energía “ni para encender un solo foco”, como señala la maestra Ruvalcaba. Además del sobreprecio de luminarias para la ciudad por un total de 600 millones de pesos.

La contienda electoral, no estuvo exenta del sello personal de Teresa Jiménez y su equipo cercano. Ya que la entrega indebida de despensas, tinacos, compra de voluntades y del despilfarro en campañas mediáticas, no tuvo freno. Hasta se dieron tiempo de organizar golpeteos y montajes en contra de la candidata morenista, sin resultados a su favor. Pero, lo más inquietante fue lo sucedido en días previos a la elección. Primero, con el asalto a las propiedades donde se encontraban hospedados los jóvenes brigadistas. Los voluntarios, fueron violentados por sujetos con pasamontañas y armas. En operativos dignos del crimen organizado, asaltaron las casas dee descanso y, con golpes y amenazas, los amenazaron con represalias si no dejaban el estado. Después, patrullas de policías, tanto municipales como estatales, irrumpiendo en hostales y pequeños hoteles. El mismo modus operandi, ultrajes, golpes, robos y las mismas advertencias, para que abandonaran la ciudad. En todos estos asaltos, fueron sustraídos objetos personales, computadoras, tabletas y teléfonos celulares, de todas las personas. Cabe aclarar que no solo se trasgredió a los simpatizantes y militantes de Morena, también fueron agredidos comunicadores independientes y observadores electorales. La noche anterior al día de la elección, las policías municipales cercaron las entradas y salidas de algunos municipios, con operativos en los que se detenían autos con placas de la CDMX, de manera específica. Se detuvo arbitrariamente y en contra de la ley a activistas, quienes fueron golpeados y retenidos, de manera ilegal, en contra de su voluntad. El domingo 5 de junio, a nivel nacional, se corroboró, de forma evidente, la operación de Estado que se realizó en Aguascalientes.

En transmisiones en vivo, se pudo constatar el levantamiento de compañeros de medios digitales, de observadores electorales, así como de diputados federales, a quienes poco sirvió que se identificaran al momento de su arbitraria detención. Como nunca antes, en este pacífico estado, se pudo observar un fuerte despliegue de gente armada, encapuchada, con vehículos sin placas y con cristales polarizados que, de manera intimidatoria, circulaban por algunas casillas electorales. Hoy se sabe que la estrategia de intimidación, estuvo orientada para amedrentar a la gente que votaría en los Distritos Electorales en los que las encuestas ponían en ventaja a la candidata de Morena. En aquellas donde el partido oficial tenía preferencias, todo sucedió en aparente tranquilidad. Hasta aquí, ninguna autoridad electoral se dio por enterada, ni la Estatal ni, mucho menos, el INE.

Teresa Jiménez cuenta con denuncias penales ante la FGR, lo que debiera ser suficiente para que no logre asumir la gubernatura en octubre próximo. Por el momento, la batalla jurídica sobre la legalidad de la elección en el Estado de Aguascalientes, se encuentra en la etapa final. El Tribunal Electoral del Estado de Aguascalientes (TEEAGS), ha declarado como “buena” la elección. Así que solo queda la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE), quien deberá corregir dicha resolución. Las pruebas, no solo documentales y testimoniales, sino denuncias jurídicas, están ahí. La candidata de la derecha arrastra tras de sí, una pesada carga de malversación de recursos del erario, como servidora pública. Como es de suponerse, los medios tradicionales locales, han callado sepulcralmente. Sus editoriales, se dedican a “analizar el triunfo de TJE”, como si hubiera sido un ejercicio intachable y ejemplar. Cada quien sabe cuál es el costo de su complicidad. Pero, la gente buena de Aguascalientes, no merece que su historia, ni su prestigio noble de tierra apacible y trabajadora, se vea manchada por toda esta colusión de delitos y corrupción. Los ciudadanos, no deben permitir que su futuro, ni el de las generaciones venideras, esté en riesgo cuando, de ser el caso, la candidata nacida en Valle de Bravo, Estado de México, asuma la gubernatura. Ahora, más que antes, el voto de la gente debe ser valorado, más allá de cualquier beneficio efímero, estar por encima de los intereses de un grupo de poder que ha hecho todo para trasgredir y coaccionar su voluntad auténtica de participación ciudadana.

Dato al pie de página: En Aguascalientes, la maestra Nora Ruvalcaba sigue dando la batalla por la legalidad. En una gira informativa, recorre el Estado para —como dice ella—, primero, agradecer la confianza de la gente por su respaldo y, segundo, para denunciar el desaseo de la jornada electoral del pasado 5 de junio, con el nombre de #ExpoFraude.

Solo como dato adicional, Morena, se convirtió en la primera fuerza política. Lo que reivindica la necesidad de transformación que la gente, la buena gente de Aguascalientes, quiere para su entidad. Esto confirma que la gente de estas tierras no es conservadora, los conservadores son los que los han gobernado.

Aguascalientes, Ags., 15 de julio de 2022.