miércoles, octubre 27

LA DIGNIDAD HUMANA Y LA EQUIDAD SUSTANTIVA

*Aleida Alavez Ruiz 

“Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”:           Art. 1º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

El valor absoluto del ser humano es la dignidad humana, fundamento esencial de los derechos humanos sin importar su género. Es el derecho a no ser discriminada o discriminado, en ninguna circunstancia.

Hablar de dignidad humana puede resultar complejo, cuando debe ser todo lo contrario, porque se trata de un principio primordial en nuestra Carta Magna para salvaguardar la integridad de las personas.

Sin embargo, la realidad es diferente. Tristemente existen dilaciones en el reconocimiento de derechos y libertades de mujeres, ancianos, indígenas, niñas, etcétera. La lista es larga.

Por décadas se ha postergado no sólo el reconocimiento, sino la progresividad de derechos y libertades, en particular para el caso que en esta ocasión nos ocupa: las mujeres.

Una y otra vez las mexicanas hemos enfrentado una cultura machista, llena de pensamientos y sentimientos contra nuestros derechos que se resumen en discriminación y rezago para nuestro género.

La discriminación por cuestión de género, borra prácticamente, o convierte en letra muerta, el principio de dignidad humana establecido en nuestra Constitución.

Y es aquí donde adquiere vital relevancia la Legislatura de Paridad de Género en la Cámara de Diputados, en la que legisladoras de todas las corrientes ideológicas trabajamos unidas para que se reconozca el papel fundamental de la mujer en la vida de nuestro país

Estamos creando un marco normativo dinámico que salvaguarde la integridad, lo más cercano a absoluta, de las personas.

Hemos visibilizado nuestros derechos de mujer y logramos que se reconozca nuestra capacidad en cualquier ámbito en el que nos desarrollemos. Pero, insisto, todavía hay grandes lagunas que debemos eliminar, porque nuestro papel está mucho más allá del que históricamente nos endilgaron.

En esta LXIV Legislatura hemos legislado contra la desigualdad y la violencia; hemos legislado en favor de la inclusión, educación, representación política y acceso a la salud de las mujeres, pero no es suficiente. La deuda histórica es my abultada porque se siguen vulnerando nuestros derechos en todos los ámbitos.

Las barreras creadas por la inequidad limitan nuestro acceso pleno a la vida pública y política, y lo que es peor, menoscaban el ejercicio de nuestros derechos humanos como mujeres.

El ejercicio pleno y universal de estos derechos humanos se concentra en el principio de igualdad sustantiva. Es decir, el acceso al mismo trato y oportunidades para el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

No es una tarea fácil, pero ya vimos que tampoco es imposible

Pero éste, es tema para otra colaboración.

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