22 de junio de 2024

Veracruz, transformación y esperanza|PUNTO Y COMA|Por Yair Ademar Domínguez

A pesar de las campañas negras que grupos conservadores y neoliberales han emprendido en contra de los gobiernos de la 4T, en Veracruz y en todo el territorio nacional se siente, se palpa, el deseo esperanzador de un pueblo que grita el “ya nos tocaba” como bandera y consigna del momento histórico que se vive.

Este fin de semana, por ejemplo, simbólicamente, el gobernador Cuitláhuac García Jiménez arrancó el periodo vacacional de semana santa con una rodada ciclista que inició en la emblemática e histórica población de Zempoala, para terminar en las playas de Chachalacas, en el municipio de Úrsulo Galván, ahí muy cerca de donde el gobierno duartista desaparecía veracruzanos, en el predio “La Guapota”.

“Nos dio mucho gusto ver la gran participación de la niñez, juventud, adultos mayores y personas de todas las edades en la Rodada Zempoala – Chachalacas, que fue todo un éxito gracias a la coordinación que tuvimos con el ayuntamiento de Úrsulo Galván. Nuestro reconocimiento a todos los que hicieron su mayor esfuerzo por llegar a la meta. Vamos a seguir promoviendo las actividades deportivas y turísticas en todo el territorio veracruzano”, escribió el mandatario veracruzano en sus redes sociales.

¿Esto qué significa? ¿Qué hay más allá de este hecho? La confianza, el nuevo aliento, la transformación de Veracruz en marcha, con hombres, mujeres, niñas, niños, adultos mayores, apoderándose de su tierra, de sus calles y de sus comunidades. Toda esta región —por no decir el territorio veracruzano— vivió días aciagos, días de terror, prácticamente de toque de queda, porque la delincuencia, coludida con las autoridades, se había apoderado de las calles, de los parques, de los centros de diversión. Los ciudadanos, el pueblo, el auténtico dueño de las comunidades, se replegaron, temerosos.

Hoy las cosas han cambiado y esta rodada ciclista, como los eventos culturales, como el reciente Festival Cumbre Tajín, como las ferias populares, de barrio, la cartelera artística de Xalapa, las ferias en Tlacotalpan, en Cosamaloapan, en todo el territorio, desde Pánuco hasta las Choapas, es una muestra de que se está restableciendo el tejido social, de que las y los veracruzanos se están apoderando de lo que es suyo.

Si usted, amable lector, ha viajado, este fin de semana pasado, de Xalapa al puerto de Veracruz o en la carretera a Costa Esmeralda, se dará cuenta de lo que le estoy diciendo. Sí, carreteras abarrotadas, con un tráfico increíble. Eso es bueno, porque significa dinero circulando en los restaurantes de Cerro Gordo, de Cardel, de La Antigua, de la playa de Chachalacas, de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río.

Todo esto habla de la tranquilidad que se vive en un estado, de la confianza de la gente en su gobierno, de las posibilidades que tiene la población porque su dinero vale, porque tienen un peso estable y fuerte, porque el progreso y la transformación ha llegado a sus hogares.

Esta es la diferencia entre el pasado y el presente. Hoy, los dueños de las calles, de las playas y los centros de diversión, son los ciudadanos, la gente del pueblo. En tiempos no tan lejanos los veracruzanos vivían atemorizados. Hoy, gracias al trabajo decidido de sus gobiernos, se puede salir con más tranquilidad y apoderarse de las calles que siempre han sido suyas.

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