jueves, septiembre 23

TIEMPOS DE LLUVIA, TIEMPOS DE NOSTALGIA

EN PRIVADO Por Ricardo Ramírez Juárez

TIEMPOS DE LLUVIA, TIEMPOS DE NOSTALGIA

Y cuando la lluvia se dejaba caer sobre las viejas tejas que fueron herencia de la casa de los abuelos, pero que setenta o noventa años después aguantaban el embate imparable del aguacero, o sobre las endebles láminas de cartón que en algunos puntos de la casa amenazaban con romperse, así lo indicaban pequeñas gotas que ya empezaban a mojar el suelo…

Mientras el Dios Tláloc se hacía presente, nuestras abuelas y nuestras madres, apoyadas por alguna de nuestras hermanas, siempre la mayor era la elegida, en medio de una asombrosa tranquilidad cortaban una o dos gigantescas manos de plátano macho que colgaba en la esquina de la cocina, mientras en una gigantesca olla de barro preparaban un aromático café, cuyo delicioso y exquisito olor se conjugaba con los plátanos machucados que se preparaban en el fogón a fuego muy lento…

Mientras preparaban estos sagrados alimentos, la abuela empezaba a moler el nixtamal en el molino de mano, dos o tres kilos por sentada, para abastecer a toda la familia.

Con la masa lista, en un pequeño espacio dispuesto para ello, iniciaba los preparativos para unos bocoles con manteca de puerco, unos eran preparados con masa y salsa molcajeteada de chile verde que preparaban con la misma masa, otros eran simples, sin chile, para los niños pequeños que aún no podían comer picante.

En el transcurso del proceso de preparación de estos alimentos sobre la grande y enorme mesa, que en realidad era un largo y gigantesco tablón donde cabían diez o trece sillas apiladas ya estaban sentados el padre, acompañado de su media docena, o diez o trece niños que de pura casualidad habían amanecido con un apetito feroz…

Café de olla, plátanos machucados y bocoles, eran el preludio del suculento almuerzo que ya se estaba cocinando…

Conforme iban saliendo los plátanos machucados eran puestos en los modestos platos de peltre, empezando a servir a los más pequeños, hasta llegar por edad hasta el padre y el abuelo…

La entrada había sido excelente, pues ninguno de los comensales había dejado una pizca de plátano machucado o de algún bocol sobre su plato, y ni una gota de café, y lo peor es que permanecían en la mesa, esperando el platillo fuerte…

Luego entonces, la abuela, la madre y la hermana mayor, quienes solo habían mordisqueados algunos plátanos y bocoles paradas sobre el fogón, ya tenían listo un gigantesco cazo de barro con otros tres kilos de masa, con una cazuela de chiltepín frito con harta cebollina, y una gigantesca cazuela de frijoles recién guisados con manteca de puerco, por lo que procedían a elaborar unas enchiladas que se iban zampando en la salsa de chiltepín frito hasta formar una pila enorme de enchiladas que eran puestas sobre la mesa para que cada uno fuera tomando su respectiva ración.

Y para no poner el platillo sin acompañamiento, de un envoltorio sacaban dos o tres kilos de chicharrones de puerco que eran recalentados sobre el comal y dispersados en la mesa, acompañados de unos enormes jarrones llenos de agua de donde brotaban enormes rollos de chapahua, varios rollos de liliaques, plantas aromáticas que servían para darle el toque perfecto a estos alimentos y unos aguacates mantequilla, que de pura casualidad ese día se les había ocurrido madurar en su punto.

Todos los olores y sabores se conjugaban en esa pequeña estancia, donde no había piso de cemento, no había paredes de ladrillo, no había refrigeradores ni estufas, solo había humo, leña, brasas, y olores a exquisitos platillos que difícilmente se borraran de nuestras mentes.

Disfrutemos de estos tiempos de lluvia, de compartir sagrados y exquisitos alimentos con nuestras abuelas y nuestras madres, con nuestros padres y nuestros hermanos, porque algún día, esos tiempos felices solo serán felices recuerdos, simples tiempos de nostalgia que trasladan a nuestras mentes a esos bellos momentos que gracias a Dios pudimos disfrutar.  

Ahora podemos decir con mucho orgullo, cuando disfrutamos de estos exquisitos platillos extraídos de los fogones: ¡Como lo hacía Mamá!

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