7 de julio de 2022

La expresidenta de Ecuador Rosalía Arteaga pondera a la cultura valdivia como una de las más tempranas de América

El país sudamericano inició sus actividades como invitado de la XXXII FILAH, con la ponencia de la política, activista y escritora

  • La presidenta de Fundación FIDAL expuso que esta civilización del periodo Formativo mantuvo vínculos con la cultura chavín de Perú y la olmeca de México

La República del Ecuador arrancó sus actividades como país invitado de la XXXII Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH), con una conferencia a cargo de quien fuera la primera presidenta de ese país, Rosalía Arteaga Serrano, en la que abordó a la que es considerada la civilización madre de ese territorio del noroccidente sudamericano e, incluso, una de las más antiguas del continente, la cultura valdivia.

En su ponencia Valdivia, raíz de identidad, transmitida por la página www.feriadelibro.inah.gob.mx, como parte de la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, la política, escritora y presidenta ejecutiva de Fundación FIDAL expuso la influencia que pudo tener esta cultura sobre otras del periodo Formativo, al traspasar fronteras mediante el cabotaje, de manera que algunos investigadores han señalado los vínculos que pudo mantener con la cultura chavín, en el actual Perú, y al norte, en Mesoamérica, con los olmecas.

Rosalía Arteaga agradeció la invitación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), organizador del encuentro editorial y académico que en esta edición estrecha los lazos entre México y Ecuador, “ocasión que permite poner en justa dimensión a una cultura posiblemente matriarcal, que tomó características de una sociedad compleja alrededor del año 4500 a.C., y tuvo su declive hacia 1800 a.C.”.

Se trata —dijo— de la que es, probablemente, la cultura cerámica más antigua de América, como se destaca inclusive en el discurso museográfico del Louvre Abu Dhabi, prestigioso recinto de los Emiratos Árabes Unidos. Así es como se ha ido revalorando al sitio Valdivia como difusor del conocimiento en el continente americano, desde su descubrimiento por el arqueólogo ecuatoriano Emilio Ycaza Estrada, en el 1956, en el centro ceremonial del cerro Real Alto, Provincia de Santa Elena.

“En esa zona ubicada cerca del océano Pacífico se desarrolló la cultura valdivia. En el cerro Real Alto se hallaron restos óseos humanos, piezas de obsidiana y figurillas de barro, cuya datación ha brindado fechas tan remotas como el año 4500 a.C., es decir, si contamos desde la época actual, estamos hablando que hace seis milenios ya existía una cultura cerámica en la costa ecuatoriana.

“Los figurines descubiertos eran sobre todo femeninos, representaciones de mujeres jóvenes, embarazadas, ancianas, que portan llamativos tocados, de ahí que muchos pensemos que fue una cultura matriarcal, tribal, sedentaria, que se dedicó tanto a la agricultura –siendo de las primeras en domesticar y procesar el maíz– como a la pesca”, expuso Rosalía Arteaga, miembro de la Academia Mundial de Artes y Ciencias.

La complejidad que alcanzaron los valdivianos también se demuestra en el uso que hicieron de valvas de conchas Spondylus para sus intercambios comerciales con otras zonas, como la interandina y la amazónica.

Asimismo, continuó, “cuando pensamos en las relaciones que se dieron en la costa del Pacífico, no es descabellado pensar que la civilización valdivia llegó más al sur de América, a Perú, y tuvo contacto con la cultura chavín de Huántar, y también al norte, hacia Mesoamérica, en lo que hoy es Centroamérica y México. Algunos estudiosos podrán certificar la influencia que tiene la cultura cerámica valdivia en distintas partes del continente”.

 Las colecciones arqueológicas resultado de las exploraciones en Valdivia se resguardan y exhiben en el Museo del Banco Central del Ecuador, en Quito, y para los visitantes resultan particularmente atractivas las figurillas femeninas que son símbolo de la fertilidad. La propia expresidenta ecuatoriana no es ajena a esta fascinación y dedicó a las nombradas “Venus de Valdivia”, uno de los poemas que componen su libro Rosa Carmín (2017), en homenaje a mujeres icónicas como Sor Juana Inés de la Cruz y Malintzin, así como a colectivos feministas.

 Por otra parte, resaltó que las comunidades de la Provincia de Santa Elena preservan hasta hoy la tradición alfarera, y utilizan la misma tierra con que los ancestros moldearon el barro. Esta actividad es un complemento a su sostén y, contrario al saqueo y tráfico ilícito que realizan los huaqueros, es un modo de conservar la raíz identitaria.

 “La importancia de esta cultura es tan grande que la encontramos como ceramista, domesticadora del maíz, avanzada en los intercambios comerciales gracias al desarrollo de la navegación costera por cabotaje y, por supuesto, para quienes seguimos esa línea de pensamiento, con un mando matriarcal. Es interesante pensar que eran mujeres las que comandaban todas estas actividades.

“Creo que ahí radica la raíz que nos falta a los ecuatorianos. A veces, el pertenecer a un país que lleva el nombre de una línea imaginaria, la línea equinoccial (en honor a la Misión Geodésica Francesa que llegó a ese territorio en el siglo XVIII para determinar la forma de la Tierra), condiciona que nos pensemos un país imaginado. Por eso, es importante generar esa nueva historia arrancando desde los antiguos valdivianos, que nos pueden dar esa identidad que tanta falta nos hace”, concluyó Rosalía Arteaga.