sábado, mayo 28

Rescatan el papel de la provincia de Chalco en el proceso de conquista de Tenochtitlan

  • Esta región fue decisiva para la defensa de la frontera sur, deteniendo el avance de las tropas mexicas asentadas en el Cuauhnáhuac

Los pueblos de la región de los volcanes han quedado eclipsados respecto a su papel en el proceso de conquista de México-Tenochtitlan, ante las visiones que se decantan por la impresión que el escenario de la Cuenca de México y la urbe tenochca produjeron en Hernán Cortés y sus huestes, cuando la vislumbraron por primera vez tras su ascenso por la Sierra Nevada, luego de acometida la Matanza de Cholula.

En conversatorio digital sobre la defensa de Tenochtitlan, dedicada al papel de los aliados y no aliados, el cual se transmitió por el canal INAH TV de YouTube, el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Tomás Jalpa Flores, rescató la importancia de Chalco en la defensa de la frontera sur, deteniendo el avance de las tropas mexicas asentadas en el Cuauhnáhuac, así como en el ataque de los pueblos lacustres, en particular al frente de Iztapalapa.

En su primer paso por Chalco, el capitán extremeño se entrevistó con los mensajeros de Moctezuma II durante su estancia en Nepopohualco (“el lugar del contadero”), que ha pasado hasta nuestros días como Paso de Cortés. De ahí, las tropas —que incluían contingentes de Cempoala, Tlaxcala, Huejotzingo y Cholula (entre cuatro mil y cinco mil indígenas)— se condujeron a Amecameca, donde permanecieron un día y fueron recibidos con tributos por algunos señores y doncellas de esa cabecera, y por las otras divisiones que integraban el territorio chalca, para luego pernoctar en el puerto de Ayotzingo.

«De acuerdo con las fuentes acolhuas, en Ayotzingo tuvo un encuentro con el señor del Acolhuacan, quien se ofreció a llevarlo a Texcoco, pero Cortés rechazó su oferta, y continuó hacia Cuitláhuac, y luego rumbo a Iztapalapa para llegar a México-Tenochtitlan, donde estuvieron desde el 8 de noviembre de 1519 hasta el 30 de junio de 1520, cuando ocurrió la Matanza del Templo Mayor”.

En el conversatorio inscrito en el coloquio “La visión antropológica de la conquista del Cemanáhuac”, llevado a cabo desde 2019 como una revisión en el marco del quinto centenario de estos sucesos históricos, el especialista de la Dirección de Etnohistoria detalló que tras su expulsión de Tenochtitlan en la llamada Noche Triste, las huestes de Cortés pasaron de nuevo por esta región, en diciembre de 1520, en su búsqueda de refugio en Tlaxcala, su aliado.

Para entonces, el contingente era aún más numeroso que el primero, contándose alrededor de 100 mil hombres, pues a las tropas se habían agregado grupos del área poblana como los ejércitos de Tepeaca y Atlixco.

“En esta ocasión tomaron otra ruta, por el norte del Iztaccíhuatl, bajaron por Río Frío y llegaron a Coatepec, el primer poblado ubicado en la frontera entre Chalco y el Acolhuacan, el cual estaba abandonado porque la gente se había ido a refugiar en la ciudad y sus alrededores, y de ahí partieron a Texcoco, donde finalmente establecieron su base para planear el ataque a México-Tenochtitlan.

“En su paso por Chalco los ejércitos de esta región se incorporaron a las tropas de Cortés. En la primera incursión, los chalcas habían sido uno más de los contingentes que auxiliaron al ejército en el ataque a la capital tenochca; sin embargo, en la segunda, que podría denominarse como contraofensiva de los aliados, el territorio chalca formó parte de una estrategia más amplia de guerra”, explicó Tomás Jalpa, en el encuentro virtual hermanado con la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura.

Refirió que pese a tener un contingente más grande, los aliados de Cortés se percataron de la fuerza del ejército mexica y del apoyo que recibían de la zona lacustre y la trasmontaña, en particular del Cuauhnáhuac y Oaxtepec. Por ello, Chalco se convirtió en un punto estratégico para contener los avances por la frontera sur, defensiva dirigida por Gonzalo de Sandoval, comandando 315 españoles y una tropa de 50 mil indígenas chalcas, tlaxcaltecas y acolhuas.

Tomás Jalpa reiteró que los dos pasos por la región de los volcanes permitieron a Cortés hacerse de más aliados y definir las estrategias de guerra. En el primero hizo el reconocimiento del territorio y los informes sobre la geografía, las características de los caminos y posibles puntos de ataque; el segundo sirvió para conocer los pueblos y las contradicciones en cada uno.

Por otro lado —concluyó—, “sin restar mérito a la estrategia española, es necesario subrayar el papel fundamental que jugaron los aliados indígenas para lograr el triunfo. Cada grupo contribuyó no solo con fuerza militar, para entonces estimada en más de 200 mil hombres, engrosándose al final hasta en 300 mil, sino que debe considerarse que muchos dirigentes indígenas planearon ataques a los puntos estratégicos en cada territorio y en varias ocasiones sacaron adelante a los españoles”.

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