jueves, mayo 26

Los sentimientos de la nación|Por Arturo del Bosque

“Me refería en su casa una noche, la vísperas de la instalación del Congreso de Chilpancingo.

–Morelos, me decía, era un clérigo fornido, cariancho, moreno, de grande empuje en el andar y movimientos, de voz sonora y dulce.

La estancia en que estábamos era reducida y con un solo asiento; en una mesilla de palo, blanca, ardía un velón de cebo que daba una luz palpitante y cárdena.

Morelos me dijo:

–Siéntese usted, y dígame, señor licenciado, porque de hablar tengo mañana, y temo decir un despropósito, yo soy ignorante y quiero decir lo que está en mi corazón.

Ponga cuidado, déjeme decirle y cuando acabe, me corrige para que solo diga cosas en razón—

Yo me senté, proseguía Quintana, el señor Morelos se paseaba con su chaqueta blanca y su pañuelo en la cabeza; de repente se paro frente a mí y me dijo su discurso.

Entonces, él, a su modo, incorrecto y sembrado de modismos y aun de falta de lenguaje, desenvolvió a  mis ojos, sus creencias sobre el derecho del hombre, división de poderes, separación de la Iglesia y del Estado, libertad de comercio y todos esos admirables conceptos que se reflejan en la Constitución de Chilpancingo y que apenas entreveía Europa misma a la luz que hicieron los relámpagos de la Revolución Francesa.

–Yo le oía atónito, anegado en aquella elocuencia sencilla y grandiosa como vista de volcán; él seguía, yo me puse de pie….estaba arrobado…Concluyó magnifico y me dijo: ¿Ahora qué dice usted ?

–Digo señor….que Dios bendiga a usted (echándome en sus brazos enternecido) que no me haga caso si quito una sola palabra de lo que ha dicho, que es admirable…

Le había dictado “LOS SENTIMIENTOS DE LA NACION”

Este pasaje del libro “Memorias de Mis Tiempos” de Guillermo Prieto debiera de ser inmortalizado en uno de tantos lienzos que en nuestra patria han sido, un pasaje glorioso que tuvo como escenario una guerra, los anhelos independentistas, el sino de la cruz, darle letra y sentimientos a la fragorosa lucha que en el país se libraba.

Los postulados escritos por Andrés Quintana Roo a dictado del generalísimo Morelos, a más de dar sustento documental y sentido de legalidad a la lucha armada, se han convertido en referencia obligada que a diario debiera ser actualizada, los más caros sentimientos de un luchador que, lejos del poder y la fama, a ser SIERVO DE LA NACION, solo a eso aspiraba.

—Que la América es libre é independiente de España y de toda otra Nación,

Gobierno ó Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones.

En estos tiempos de macarras, donde azules y tricolores han comprometido la soberanía en rubros estratégicos, la energía, la riqueza minera, en estos tiempos de colonización mental según la cual, solo el extranjero le sabe a lo de las tecnologías, a las energías limpias como vulgar espejito, a la perversa idea de que es por naturaleza, flojo el mexicano. ¡Cuánto les valiera leer al generalísimo!

–Que la soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que solo quiere

depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en Legislativo,

Ejecutivo y Judiciario, eligiendo las Provincias sus vocales, y éstos á los demás,

que deben ser sujetos sabios y de probidad.

Este artículo testado en alusión AL SUPREMO CONGRESO NACIONAL AMERICANO, fue de donde abrevó el constituyente del 57 para redactar el portentoso artículo 39 de nuestra carta magna.

“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.”

—Que los Estados mudan costumbres y, por consiguiente, la Patria no será

del todo libre y nuestra, mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico,

substituyendo el liberal, e igualmente echando fuera de nuestro suelo al enemigo

Español, que tanto se ha declarado contra nuestra Patria.

Así que les tenemos, embozados y acechantes, durante décadas confiscaron a su arbitrio bienes y riquezas dejando al pueblo en condiciones de ruina y pobreza, ya fuera por la fuerza, el despojo, ya en la aplicación de un modelo económico voraz y depredador, gobiernos insensibles e indolentes que a mas de pobreza pretendían que sumisos y callados fuese el pueblo solo paisaje desolado, hoy abogan porque de la península nos sigan explotando, obsequiosos y convenencieros se sientan en sus consejos de administración, sin conocer la o por lo redondo, sin gota de pudor.

—Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro

Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la

opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente él jornal del pobre, que

mejore sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.

He aquí la guía, la moral del deber público, que no han de ser los cargos pretexto para la riqueza y el dispendio, que se entiendan las palabras del héroe y mártir, que solo moderando la opulencia y la indigencia habrá de atisbarse la posibilidad de la paz como fruto de la justicia, que no esté el gobierno ensimismado en sí mismo y devorando el presupuesto, dinero que es de todos, habremos de honrar la memoria de Don José María Morelos, que de bravura hizo gala, tanto como de abnegación y entrega, en estos tiempos de transformación, de anhelos, es menester recordar al siervo, al que con sangre nutrió el suelo de lo que hoy es por fortuna, esperanza, destino, patria.

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