10 de agosto de 2022

Los retos de la continuidad Obradorista|¡Habrá Tiro!, si hay otro relato al de la 4ª T| Crónicas Ausentes|Lenin Torres Antonio

Los retos de la continuidad Obradorista

¡Habrá Tiro!, si hay otro relato al de la 4ª T.

Crónicas Ausentes

Lenin Torres Antonio

¿Hay tiro?, es la pregunta simplista de los analistas de derecha para preguntar si la oposición partidista, económica y mediática al presidente Obrador le puede competir en el 2024, y esa oposición política, pese a los números electorales del movimiento progresista de la 4a T., apelan más a que cometa un error garrafal el gobierno obradorista, a un milagro, que a competir en el debate de las ideas para decir que ¡si hay tiro!

Casi todos los mexicanos entendemos lo que significa “hay tiro”, lo que en el lenguaje popular y no académico significa llanamente “hay pelea, lucha, bronca”, por ejemplo, y por cierto su uso es muy frecuente en la jerga juvenil popular, cuando dos jóvenes quieren enfrentarse en una pelea callejera, por cierto, sin reglas ni normas, por lo regular una de ellos le dice al otro, ¿nos pegamos un tiro?, y se corre la noticia entre los jóvenes que habrá literalmente una riña o pelea callejera, y como lo dije, sin reglas ni normas, donde se vale todo, hasta morderse, echarse tierra en los ojos, e incluido, usar algún objeto contundente para infringir el mayor daño posible al adversario, olvidándose que hasta en la guerra, paradójicamente, debe haber decoro, límites, y caballerosidad; como antaño, los duelos entre caballeros, donde usando un arma por igual, determinaban la hora y el lugar del duelo, y el más diestro y atinado saldría con vida o con el menor daño, declarándose “ganador”.

Aunque la verdad en toda guerra no hay decoro, ni reglas infranqueables, más la fuerza y el poder que pueda tener mayor contundencia y le permita a un bando declararse triunfador.

Pero la política no es una guerra ni una batalla más que en sentido metafórico, y las armas con que debe pelear cada bando son las ideas, y la meta, la introyección de ellas en la consciencia colectiva, por lo que, si partimos de este supuesto, lo que vemos en la actitud de la oposición al presidente Obrador es una mentalidad de unos auténticos vándalos, que movidos tan sólo por la sed de poder usan todo lo que tienen a su alcance (objetos contundentes), como el sin sentido de la “veda legislativa”, que tiene que ver con una estrategia perniciosa de decir a todo “no”, aún cuando pueda ser benéfico para la sociedad, en este caso, a priori decir “no” a toda iniciativa legislativa del ejecutivo, contraviniendo la labor fundamental del legislador, de analizar, proponer y debatir, y en su caso, aprobar o rechazar iniciativas y derogaciones de ley para organizar de mejor manera la vida en sociedad; así como la permanente campaña mediática sucia que financian, y la promoción a la guerra del terror, etc., todo con el fin de infringir el mayor daño al liderazgo del presidente Obrador, estrategia que pese a que no les ha funcionado, continúan empeñados en usar y esgrimir como su “praxis política”.  

El problema no es que no entiendan que han tomado el camino equivocado para hacer política e intentar recobrar la confianza perdida del electorado, el problema es que el “liderazgo” de la oposición PRIANISTA es parte y está formado por la clase política que construyó esa cultura de la simulación y el engaño con que se mantenían en el poder público, desafortunadamente es lo único que han conocido como praxis política, no conocen otra narrativa, e inclusive, podríamos decir que no tienen narrativa, tan sólo lo que tienen es una práctica política insana y perniciosa, Alito es el ejemplo más visible de lo que tienen en sus cerebros los integrantes de la oposición PRIANISTA al gobierno del presidente Obrador.

He escrito que la democracia no se da por decreto, esto quiere decir, que la misma pluralidad puede omitirse cuando prevalece un sólo pensamiento coherente y lúcido (la narrativa de Andrés Manuel López Obrador) como en la actualidad, cuando no hay otro proyecto alternativo de país, o cuando menos, un diagnóstico desde donde poder construir los relatos que puedan traducirse en soluciones a los problemas que implica la vida en sociedad.

Hoy vemos la marcha triunfadora de un solo relato que la sociedad mexicana comparte y acepta, una nueva forma de decir y hacer política, un reencuentro con la política de los grandes relatos que surgieron de las coyunturas históricas que han sucedido en México.

El dilema se mantiene, o bien la ruptura histórica construye un nuevo relato, o el relato construye la ruptura histórica, en este caso, creo que la 4ª T. alude a una ruptura, a una recuperación de sentido y un relato, el de la Revolución Mexicana; los ideales pospuestos por la desviación histórica que ocurrió y que definió la dictadura casi-perfecta PRIANISTA; por lo que el reto está, por una parte, construir una verdadera democracia, y por otro parte, hacer plena justicia social.

La 4ª T. más que un nuevo contenido es una forma que requiera un contenido, y que éste, está en un tiempo por venir, porque lo que hace el presidente Obrador no será suficiente para construir el nuevo sistema político mexicano, la nueva cultura política, el fortalecimiento de la democracia, el pleno desarrollo de un país que le urge un crecimiento económico sostenido y confiable para enfrentar los retos de los reacomodos geopolíticos actuales, y principalmente, porque por desgracia, el desgaste que infringe esa oposición política des-cerebrada es un terrible lastre para la construcción de “lo nuevo”.

En ese sentido, la 4ª T. es la recuperación de la funcionalidad perdida del estado mexicano, de la democracia y de la política, aunque lo que está haciendo el presidente Obrador gira en torno a recuperar la funcionalidad perdida del estado mexicano y sus instituciones, y creo que no le dará tiempo de terminar de definir los dos restantes (la democracia y la política).

EL movimiento progresista de la 4ª T. señala el diagnóstico de lo que estaba ocurriendo en los asuntos de la cosa pública (la república) en México, y que podemos resumirlo en “la degeneración del poder político y público”, y “la corrupción” como la cultura política que iba gangrenando la funcionalidad no tan sólo del estado mexicano sino también de la civilidad de la sociedad mexicana; y también indica una ruptura entre “lo viejo” y la construcción de “lo nuevo”, esto último, e insisto, se está construyendo, por lo que es un gerundio simple, o sea la idea de acción simultánea con lo expresado en el verbo principal, con esto, no necesariamente se garantiza la concreción del ser de la 4ª T., pero si la acción en desarrollo, y esta puede garantizarse por la conciencias social que todos compartimos que “lo viejo” es un punto sin retorno, y que “lo nuevo” es la meta civilizatoria, aunque está en un proceso en construcción donde todos debemos participar, e incluso, la emergencia de la pluralidad de ideas (un nuevo sistema de partidos políticos) que puede traducirse legítimamente en el nuevo escenario electoral.

Si bien es cierto la 4ª T. parece que es un proceso pacifico, lejos de las revueltas sociales que caracterizan por lo general a toda ruptura histórica, también lo es, que se vive una polarización entre esa oposición enloquecida y el liderazgo del presidente Obrador, aunque las estrategias que ha empleado para hacer frente al relato de la 4ª T, de AMLO no se ha traducido en avances electorales para a la oposición PRIANISTAS, si ha ralentizado el proceso de la 4ª T, pacífica de México, y ha impedido que las bases de la 4ª T. no le dé tiempo al presidente Obrador de construirlas, y quede como reto para la nueva-vieja clase política Obradoristas.

A dos años del fin del sexenio del presidente Obardor, la carrera hacia el relevo presidencial de AMLO se ha iniciado, los grupos internos Obradoristas dentro de cierta unidad y disciplina política, comienzan a organizar sus campaña y promoción de su imagen e ideas. Todo apunta a que no se tiene oposición ni de ideas ni de liderazgos que obstaculicen la continuidad del movimiento de la 4ª T., salvo el reto que representa construir los contenidos que van a configurar y definir el nuevo sistema político mexicano, la construcción de las condiciones permanentes de la democracia verdadera, y la nueva cultura política de la honestidad y la eficiencia.

“Lo nuevo” no es un indicador de lugar y del tiempo, sino la construcción de un nuevo relato que haga diferencia entre reivindicar los ideales pospuestos de la Revolución Mexicana y la respuesta al agotamiento del relato occidental del espejismo democrático que ha construido este mundo desigual e inhumano, y que no tiene prospectiva de un tiempo futuro mejor. El reto es mayúsculo, no se vale repetir el relato Obradorista, ni montarse en una retórica repetitiva, hay que responder al reto del nuevo ciudadano del mundo, y no es de un mundo bueno, sino todo lo contrario.

Ahora bien, si el reto es mayúsculo para la continuidad Obradorista, imagínense para la oposición apátrida al presidente Obrador, primero, reconocer el lugar común de la 4ª T. y asumir la culpa de la crisis pública que todavía vive México, segundo, presentar un original relato que los exima de culpa y aporte perspectiva de futuro a los mexicanos, tercero, liberarse del dominio y la servidumbre al poder económico y mediático, cuarto, generar un liderazgo de una nueva clase política que construya sus propias ideologías y proyectos alternativos de nación, y quinto, dejar de hacer política como el instrumento de los humores y deseos. Y, por último, cuidarse de los carroñeros que esperan sus despojos para montar falsos relatos, aunque creo que nunca prosperaran porque sabemos que aún sin cabelleras siguen siendo los mismos.

Junio de 2022