9 de diciembre de 2022

El pueblo pone y el pueblo quita|Alfredo Vargas Ortega| Para Resultados Veracruz

Damos la bienvenida en este espacio a nuestro amigo Alfredo Vargas Ortega quien nos comparte su interesante análisis desde el altiplano, en exclusiva para Resultados Veracruz. Gracias por tu valiosa aportación.

Alfredo Vargas Ortega| Activista de la salud mental, teatrero y ciudadano consciente.

El triunfo del 1 de julio de 2018 del líder y estadista, Andrés Manuel López Obrador, ha sido el acontecimiento más grande que ha vivido el país en su joven vida democrática, en más de un siglo. Una victoria con sabor a esperanza y al anhelo de justicia, que tantos años de lucha ha significado para la nación. A este momento histórico se suma el recuerdo de mujeres y hombres que, desde un sinfín de trincheras de la lucha social, dejaron sus vidas y no lograron ver con sus propios ojos el nacimiento de la Cuarta Transformación del país. Para el pueblo de México, es la antesala de lo que, cuatro años después, se ha convertido en una constante, en el gobierno del presidente López Obrador, que “la vida pública sea cada vez más pública”.

En cuatro años, la intensidad política y social ha dado paso a un número muy amplio de sucesos que marcan este momento singular de la patria. El presidente ofreció, como parte del arranque de su visión estratégica, un gobierno austero. Una administración pública alejada de gastos suntuosos: “No se puede tener gobierno rico con Pueblo pobre”, ha sentenciado. Y es verdad. Los gobernantes neoliberales “nos acostumbraron” a mirarlos de lejos, desde abajo, como cuando se daban la gran vida a costa del erario público. Ellos, sus familias, sus colaboradores y socios. Mostraban la ostentación de sus caprichos y lujos, como si fueran parte del ejercicio del poder. Con esa mentalidad, endeudaron al país y se dedicaron a privilegiar a los llamados empresarios. Aunque, en la realidad, la mayoría “ni son ricos, ni son empresarios, cuando mucho son gerentes o directores de empresas”, señala de forma acertada el periodista Álvaro Delgado. Pero, bajo la lógica de la eficacia del mercado, los gobiernos neoliberales hicieron de lado el interés del pueblo. Pasaron por encima de las necesidades más apremiantes de los ciudadanos, a costa de seguir un modelo económico que siempre beneficiaba a las minorías. “Que llueva de arriba para abajo”, ha exhibido el presidente en las mañaneras. Así es, suponían que la manera de conducir al país era bajo la lógica del libre mercado, en el que avanza aquel que logra, mediante contactos, recomendaciones o transas, ascender en la escala social. Esa óptica, reducida e inequitativa, dio paso a una competencia feroz en la sociedad. Los vecinos se convirtieron en adversarios. El ambiente laboral se tornó feroz, con tal de superar al otro, en lugar de fomentar el trabajo colaborativo. La lucha por alcanzar un puesto, aunque se pasara por encima del otro, con tal de obtener el ascenso. Familias enteras arrasadas por un sistema que los separaba, en lugar de unirlos. La sociedad fue inoculada con necesidades artificiales que pusieron en primer término lo material sobre lo humano; “tanto tienes, tanto vales”, reza un dicho.

Si bien la llegada de la 4T no significa un cambio radical de todos estos vicios del régimen conservador, es cierto que, al menos, se han visibilizado. Ahora se pueden observar de manera directa para abrir la discusión y generar conciencia. Pero, como todo aquello que se conoce por primera vez, la Transformación de la vida Pública del País, requiere de aprendizajes. De poner en práctica ese poder que, ahora, está del lado de la gente. Como cuando se compra una bicicleta sin saber utilizarla. De alguna manera, esta realidad que se vive, de los últimos cuatro años, tiene a todos (incluidos los opositores y conservadores) en una discusión constante. Ya sea para rebatir a los conservadores o para que los conservadores difundan calumnias y noticias falsas en contra del gobierno de AMLO. Porque, la realidad, carecen de propuestas y de ideas. Solo injurian y descalifican. Para quienes apoyan al gobierno lopezobradorista, hay mucho qué celebrar. Las grandes obras, como el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, la compra de la refinería en Texas, Deer Park; la inauguración de la primera etapa de la Refinería de Dos Bocas, en Tabasco, así como programas sociales que van desde el apoyo a los adultos mayores (un sector de la sociedad que los gobiernos neoliberales habían abandonado por completo, como muchas otras cosas), a los jóvenes estudiantes, con las Becas Benito Juárez, como una estrategia para sacarlos de las garras de los grupos delincuenciales; sustraer del rezago al campo, por ejemplo, con Sembrando vida o Producción para el Bienestar. Y muchas otras acciones que este gobierno, de rostro humanista, ha implementado.

Si algo ha dejado como enseñanza el ejercicio de comunicación cotidiano del presidente de la República, sus mañaneras, es el reconocimiento de que el poder es del ciudadano de a pie. De aquel que, en el pasado, fue despojado de su dignidad. Es decir, de la mayoría de los mexicanos. Hoy, el mando de poder es igual para el menesteroso que para el naco, el chamagoso, el jodido, el mugriento, el obrero, el campesino, el estudiante, el vendedor ambulante, el franelero, el limpia parabrisas, el acróbata de crucero, el adulto mayor; del ama de casa, de la “muchacha de limpieza”, de las cocineras, de las afanadoras, del abarrotero, de la que vende flores. De las mujeres, de las niñas y los niños. De los jóvenes. El poder también es para los de la comunidad LGTB+, de las feministas, de las personas con alguna discapacidad, de las víctimas de violencia.

Dice el presidente, con certeza: “El pueblo de México es el pueblo más politizado del mundo”. Una muestra de ello, son las redes sociales, que se han convertido en un campo de batalla, donde se dirimen los temas de cada mañanera. En las cuales, la discusión a veces se hace ríspida y dura, cuando se trata de defender posturas o la preferencia sobre alguna figura política. En esto, cabe reconocer que la organización ciudadana es, sin lugar a dudas, una de las mayores iniciativas que las personas y grupos han ido consolidando. Las opiniones, como el ejemplo de la bicicleta, también pasan por un devenir complejo, aunque enriquecedor. Se aprende a interpretar el discurso político. Las señales que manda el presidente o los actores políticos aliados. Existe una opinión casi unánime respecto a los opositores, pero no sucede lo mismo respecto a los que están del lado del Movimiento. Es más, se confunde el mismo sentido de Movimiento para comprender cuándo se trata de un proyecto de nación y cuándo de los intereses, a veces bastante mezquinos y oportunistas (de este lado también hay personajes que no persiguen ideales sino posiciones), que contribuyen a generar ese tipo de confusiones y que, de forma lamentable, encuentran eco con algunos incautos. La polarización es parte de la riqueza que tiene la discusión pública.

El poder está ahí y tenemos la obligación de aprender a utilizarlo, que sea un poder popular —como cuando en las múltiples marchas de la lucha social se gritaba esa consigna— en el que nadie esté por encima de los demás. Suena a una utopía, es cierto. Los ciudadanos, desde el que ejerce el oficio más modesto como el profesionista mejor preparado, tenemos la gran tarea de continuar en la construcción de una nación digna de la grandeza de su historia. Que ese timbre de orgullo que causa la figura de un líder social, como Andrés Manuel López Obrador, no quede en el vacío. Para quienes eligieron votar, libre y en conciencia a favor de este gobierno, saben que es posible heredar un país mucho mejor a las futuras generaciones. Con la convicción de que, sentar las bases de una sociedad más justa e igualitaria, es posible. Por estas razones, a cuatro años de esta revolución de las consciencias, causa un gran orgullo decir, Es Un Honor Estar Con Obrador.

Ciudad de México, 1 de julio de 2022.