domingo, diciembre 5

Aquí o ahí está o hay ser

“Toda pregunta metafísica sólo puede ser preguntada de tal modo que aquel que pregunta –en cuanto tal- está también incluido en la pregunta, es decir, está también cuestionado en ella. De aquí deducimos que el preguntar metafísico debe ser planteado en su totalidad y desde la situación esencial de la existencia que pregunta”.

Martin Heidegger, ¿Qué es metafísica?

Por Segundo Carmelo Padilla Cruz

Preguntemos esta ocasión por la verdad. Indaguemos que es aquello que lleva ese nombre. Hablemos, si acaso es posible, de tipos de verdad o verdad en sí. Pongamos sobre la mesa la cuestión: ¿Qué es la verdad?

Desde la antigüedad, sobre todo en la historia del pensamiento, este problema ha sido un tema que ha ocupado a los filósofos. Fue Platón (primer filosofo metafísico) que con su ya conocido “Mito de la caverna” expuesto en su dialogo la República, planteo la travesía (en términos alegóricos) de lo que debía hacer el hombre (filosofo) para acceder a la verdad o al mundo de las ideas (aquel espacio que se le presentaba como eterno, perfecto e inmutable y del cual este mundo, el perceptible y perteneciente al mundo sensible, era una copia). La verdad para Platón, entonces, era lo mismo a una idea. Quien accedía a ella podía adentrarse a la verdad.

Más tarde, siglos después, ponderó en el pensamiento una noción de la verdad por adecuación. Expuesta por Tomas de Aquino el cual, de alguna manera, había retomado de Aristóteles (alumno de Platón). La verdad por adecuación descansaba en la concordancia entre intelecto y cosa. Es decir, si el pensamiento podía anclarse a la realidad del ente (la cosa) y este último podía acomodarse en la complejidad del intelecto, entonces se decía que existía una verdad (bajo el supuesto de que el lenguaje tiene la capacidad de decir o predicar algo del ente).

Después, en la historia de la filosofía, se habló de una verdad por coherencia. Reiterante en sostener que una proposición será verdadera si todas las demás proposiciones que forman un corpus lo son también. Eso permitiría formar un todo coherente que, sostenido sistemáticamente, daría como resultado una verdad general (que no absoluta). La hermenéutica, por su parte, y como otra doctrina intentando concebir la verdad, dirá que quizá no sea posible saber con exactitud qué es esta en sí misma, sin embrago, si nosotros podemos construir una y esta nos sirve para el contexto en que podamos utilizarla, entonces esta será la verdad (aunque construida) para ese (este) momento.

La verdad absoluta, por su parte, es un tipo de verdad irrefutable. Depositada, sobre todo, en las entidades numéricas resultado de las operaciones de cuantificación que se puedan realizar con ellas. Para explicitar esto último, pensemos en lo más simple como una suma o una resta, para nadie que posea la capacidad del pensamiento, además de conocer un sistema numérico como el nuestro, será una mentira que la suma de 2 + 2 es igual a 4. Esta verdad en sí misma es una realidad absoluta. En tanto que el resultado es atemporal y no remitida a ninguna consideración. Esta verdad matemática, sin más, simplemente es (absoluta).

La verdad metafísica, la cual nos interesa describir, será aquella que pudiendo parecer abstracta también participa de lo veritativo. La verdad para la metafísica sería la Alétheia, es decir, el “desocultar lo mostrado del ente” o “mostrar algo del ente como es”. Esta idea del pensamiento griego es retomada por Martin Heidegger, el célebre filósofo alemán cuya filosofía se gestó entre la primera y segunda mitad del siglo pasado. En su pensamiento, la verdad radica en presentar lo oculto del ente como ser ante la luz de la existencia. Para él, no existe la consideración de la verdad por adecuación, ni como idea, ni por coherencia y tampoco vía la hermenéutica; para él, la verdad radica en desocultar las cosas, es decir, en mostrar su lado oculto. En síntesis, en mostrar su esencia (lo que son o las hace ser).

Para que esto sea posible, dirá Heidegger, se requiere de la existencia, pues sin esta última, la verdad no puede ser. La verdad solo “la hay” en tanto que haya existencia, pues antes de esta, no hay verdad. La existencia es la única que puede develar el ser y sacar a la luz la oscuridad de los entes. El alumbramiento de la realidad mostrando su ser oculto (su esencia) es presentar la verdad tal cual es. Esta es la verdad metafísica que se debe generar desde una postura filosófica en sentido puro, o por lo menos, desde la filosofía del ser de Heidegger. La verdad es lo mismo que el ser y ser es la esencia (lo oculto) de lo ente. ¿Dónde hay que buscar la verdad? Allí donde esta impera: en el hombre, o más bien, en la existencia. En el aquí o ahí del ser. Justo en la presentación de la verdad como descubrimiento. Bajo la esencia de la existencia que pregunta.        

Martin Heidegger, Filosofo Alemán
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